4 ene 2012

Albión en la distancia

Tres semanas, tres, casi un mes para no hacer nada. Al menos eso es lo que uno piensa cuando pide tantos días de vacaciones. Eso sí, vacaciones que no lo son, porque cuaqndo vives en otro país, las vacaciones se reducen a visitar a la familia que te echa tanto de menos y quedar con esos amigos cada vez más envejecidos y hablando en un idioma que has empezado a olvidar.

Empecé mi estancia en España con una escapada que me recargó las pilas. Sin duda, una escapada necesaria y de la que nunca me arrepentiré. Justo después de esa escapada, llegada a casa aunque todavía intoxicado por las costumbres del que se va convirtiendo poco a poco en mi hogar. Primera mañana: ordenador ON, puesta al día con el correo del trabajo y té con leche sobre la mesa. Media jornada de trabajo y la sensación de sentirme útil un día más.

Después todo ha sido comidas familiares, llamadas perdidas, miles de mensajes y mucho tiempo para pensar en cosas en las que es mejor no pensar. Los acantilados de Dover que aún no conozco me llaman como pálidas sirenas que me exigen el pejae de mi última juventud a cambio de un puesto de trabajo fijo. Y no lo puedo rechazar. En la otra orilla no tengo ataduras, me pregunto si soy afortunado por tener sólo finos hilos a punto de romperse por el desuso y el paso del tiempo. Estoy sin darme cuenta tejiendo y destejiendo como una Penélope postmoderna? Debería poner negro sobre blanco qué quiero hacer con mi vida (esa frase tan manoseada y poco adecuada en según qué momento y qué persona)? Lo fácil es no plantarle cara a la vida y recoger los pedazos del collage a medida que se vayan cayendo.

El azar siempre me ha tratado bien. Ahora tengo ganas de volver a la isla, llena de españoles más perdidos que en LOST. Tiraré de la madeja a ver qué puedo hacer con los hilos. El tiempo no me dará una respuesta, xo acabaré por encontrarla.

22 oct 2011

A British comeback

Hace tiempo que llevo dándole vueltas a la cabeza a retomar este blog, que lo tengo bastante abandonado, pero no ha sido hasta esta mañana cuando una señal directa del cielo me ha abierto los ojos para indicarme el momento: espoilertv no va. Ya es hora de que me desenganche de las series anglo (hasta que vuelva a funcionar mañana, quizás?) y me concentre en otros vicios más útiles para el desarrollo del alma.


Qué mejor forma de volver a britofilia que con el producto más identificativo de la cocina británica? Sí, el fish&chips. Una institución en toda regla. La cumbre de la fast food si está hecho en condiciones e incluso un buen plato principal si se sirve en un restaurante, con tostadas untadas de mantequilla y té, por supuesto. No es más que un pescado blanco rebozado (merluza, bacalao, platija o cualquier derivado) acompañado de patatas fritas, pero claro, como todo tiene su ciencia y su receta secreta para el rebozado perfecto.

Un auténtico fish&chips se tiene que hacer frito en pringue de la buena, que chorree, y las patatas han de tener un corte grueso. Y nada de ketchup o mayonesa, sólo sal y vinagre, suficiente para que te escuezan los labios cortados por el frío – mi acompañamiento favorito para las patatas desde que me acostumbré al agrio suave del vinagre de malta–.

Eso sí, conscientes de la fama internacional de poco saludable que tiene la cocina británica, no ha faltado quien se ha puesto a ingeniar la forma de rebajar la cantidad de grasa del fish&chips, como asar las patatas en vez de freírlas (aún no lo he visto en un chippy –local que vende fish&ships–) o cambiar la tradicional manteca de freír por aceite vegetal entre otras alternativas...

Además del tipo y frescura del pescado, el rebozado juega un papel fundamental en la calidad final del fish&chips, con huevo o cerveza o ale. Y las patatas han de ser harinosas, tipo King Edward o Maris Piper. Y por supuesto, el acompañamiento estrella, los mushy peas, una buena forma de destrozar guisantes.

NB: en el restaurante antes citado, dos amigos ingleses del Sur se quejaron de que el rebozado no era muy auténtico y que the whole thing era un producto congelado. Yo no sé si era cierto, o un capítulo más de las diferencias Norte-Sur en este país, pero eso sí, el de la foto que compré en un puesto del Northern Quarter en Manchester me gustó más...

10 jul 2011

Gracias y adiós



Así se despide para siempre el periódico dominical (bueno, el tabloide dominical) más vendido de Reino Unido, News of the World (NOTW). En su página 3, en lugar de la tradicional chica semidesnuda, un editorial que, aunque nada humilde, sí pide perdón por el escándalo de los teléfonos pinchados. Una vez expiado el pecado esperan que "la historia acabará por juzgarlos", como diría un presidente de gobierno con delirios de grandeza.

NOTW pide perdón asegurando que han llegado a estas malas prácticas de la mano de unos pocos que han trabajado para ellos o en su nombre, y que han perdido los estándares de calidad que antaño demandaban. Eso sí, sólo ahora y "muy dolorosamente" se han dado cuenta de que desde 2006 esos "pocos otros" pincharon teléfonos para obtener exclusivas, una práctica "vergonzosa" e "injustificable". Desde luego en esta ocasión sí que han hecho historia, como asegura el titular del editorial.

Por lo demás, se erigen en defensores de los derechos de los niños, la lucha contra los pedófilos y la libertad de prensa, además de asegurar que NOTW se ha convertido en algo tan indispensable un domingo en este país como el tradicional asado.

¿Y qué puede llevar al magnate Rupert Murdoch a cerrar una de las publicaciones insignia de su grupo News International? ¿Por qué un hombre capaz de hundir países jugando con la moneda y de aupar gobiernos a través de la influencia de sus medios se echa para atrás y cierra NOTW? Primero porque casi nadie quería pagar por anunciarse en el tabloide y sin publicidad un periódico no se sustenta. Pero desde mi punto de vista pesan más en su decisión las peticiones laboristas de que el gobierno no permita a Murdoch controlar la totalidad de BSkyB –la plataforma de televisión de pago más importante de Reino Unido y de la que ya posee el 39%– hasta que no se resuelva judicialmente el escándalo de las escuchas. De momento, Murdoch ha movido ficha.... ¿cómo acabará el culebrón? Al menos, no publicado en NOTW...

19 may 2011

Pete Doherty before jail

Un año y pico en Manchester y he disfrutado de muchos menos conciertos de los que me hubiera gustado. Y no ha sido por oportunidades, si por algo se conoce a la capital del norte además de por el fútbol es por la cantidad de bandas que ha parido. Puedo empezar una lista, desde Oasis a Elbow pasando por The Ting Tings... pero sería muy larga para hacerla de memoria. También he de reconocer que a veces dejo escapar las oportunidades. Por ejemplo, Arcade Fire ha estado ya un par de veces por la ciudad –aunque volverán antes de que acabe el año– y cuando me he querido enterar ya estaban las entradas agotadas...

Queda comprobado entonces que si me pierdo conciertos es porque no sé organizarme. Vale, golpe número uno encajado, con fácil solución. Golpe número dos: no siempre tengo con quién ir, así que tendré que buscar más amigos. Golpe número tres: una vez quise ir a ver a The Wombats y cancelaron el concierto. Vale, eso ya es Murphy en persona dando por culo.

A veces Murphy se acuerda de mí para bien, como aquella vez que fui a ver a la hija de Sting y otros en un concierto gratuito organizado por Spotify –sí, Spotify y música gratis fueron sinónimos durante un tiempo feliz–, o justo ayer, cuando de pronto, surgidas de la nada, mi housemate aparece con dos entradas para ver a Pete(r) Doherty en directo.



Estuve toda la noche bromeando sobre si éste iba a ser el último concierto de Doherty antes de que muriera de sobredosis o lo metieran en la cárcel de por vida... Bueno, hoy ha sido condenado a seis meses de prisión por posesión de cocaína... No digo más.

14 may 2011

Compromiso


Escribo mientras escucho Whatever People Say I am, That's What I'm Not de Arctic Monkeys, acabo de tomarme un té y esta mañana me he metido un full English –o casi– entre pecho y espalda. Digo antes sorry que perdón si me tropiezo con alguien en la calle, salgo en mangas cortas aunque haga 7 grados y he pasado una semana en Sicilia representando a UK en un encuentro de jóvenes europeos.

A pesar de todos estos hechos veraces y comprobables, mi compromiso democrático está con mi terruño. Al menos mientras no esté empadronado en Manchester. Por primera vez en mi vida voy a votar por correo en unas elecciones locales; no voy a perder la oportunidad de aportar mi granito de arena en la manera en que quiero que se gobierne mi ciudad natal, regrese cuando regrese –y si regreso–.

El sobrecito con la papeleta ya debe estar en el avión camino de la mesa electoral, con la efigie dorada de Queen Liz estampada en tamaño XXL. Cinco libras para certificar un voto bien gastadas, que aunque vayan a ser reembolsadas después poco me importaría perder por tal de ejercer mi derecho y deber como ciudadano. Por cierto, ciudadano nazareno, para más inri.